«Drácula», la enorme decepción de una gran promesa

Una nueva propuesta que desperdicia lo mejor de la novela original para darle espacio a elementos innecesarios y, en ocasiones, molestos.


Por Mauro Vargas

Drácula es una novela perfecta. El siglo que ya ha pasado sobre ella no ha podido hacerle ni un reclamo. Es una historia inmortal, completa y que tiene todos los elementos que hacen de ella una experiencia terrorífica total. Se han hecho muchas adaptaciones, desde la clásica Drácula de 1931 con Bela Lugosi (basada en una obra teatral más que en la novela), los múltiples Dráculas de la Hammer Films y la que, para muchos, sigue siendo la más precisa e impresionante: la adaptación dirigida por Francis Ford Coppola y conformada por un casting inigualable, sin dejar de mencionar la música sobrecogedora de Wojciech Killar.

Pero cuando la BBC decidió adaptarla para Netflix, pareció una grata promesa. Anunciaba una historia con buen clima europeo, un bello espectáculo visual de época, una seriedad en su tratamiento y, con tres capítulos de duración, prometía contener todos los elementos que Bram Stoker escribió.

Sin embargo, esta miniserie ha sido un desastre absoluto.

Pese a algunos aciertos, y teniendo en cuenta que ha sido del agrado de muchos (gran parte de ellos quienes no han tenido acercamiento al libro o la historia cinematográfica del vampiro), es imposible ser objetivo al hablar de una historia con tanta trascendencia y que reclama, por su extenso pasado, una excelencia que aquí es muy poca.


Esta miniserie está llena de pésimas decisiones. La primera parte del castillo, que narra la estadía de Johnatan Harker y es, probablemente, uno de los episodios más intrigantes de la historia del Conde Drácula, es contada con prisas, con un afán innecesario, producto de un inicio inventado y ridículo (Harker como una especie de zombie), lleno de un humor ocurrente de parte del Conde Drácula, con un Johnatan que resulta más tonto que el de Keanu Reeves (sí, es posible), sumado a una lucha con un ejército de monjas liderado por una Van Helsing, también innecesaria, que recuerda aquellos pastiches setenteros donde los nonjas peleaban con monstruos.

La segunda parte es interesante porque profundiza en el viaje del Démeter, donde Drácula extiende su maldición en un extenso viaje oceánico —una parte poco desarrollada en la novela— que, sorprendentemente, consume todo el segundo episodio, en un juego cansino que más parece una intriga extraída de alguna novela de Agatha Christie.

Y el tercer episodio… el tercer episodio es un desastre penoso, en todo sentido.

Esta miniserie tuvo la oportunidad de haber sido la adaptación definitiva tan anhelada por muchos, pero cae en un abismo de errores estúpidos producto, quizás, de pretensiones creativas. La obra magna de Bram Stoker no necesita ser nutrida con más ingredientes; ella tiene toda la carne necesaria para sostener una miniserie de este carácter. Lo mejor de la novela fue cercenado para incluir nuevos elementos narrativos, algunos como toda la intriga naviera del segundo episodio, que no es más que un chicle estirado e insípido al final, o al actualización de la tercera entrega que recuerda intentos ridículos y casi cómicos de traer al vampiro al presente como lo hicieron en Drácula 2000, un ejercicio lamentable que demuestra la perfección del libro y la torpeza de esta miniserie, pues los guionistas no proponen nada que nutra lo imaginado por Stoker y más bien prefieren retomar la línea argumental de la novela (obviando el verdadero y emocionante final), haciendo que estas decisiones artísticas totalmente superficiales solo parezcan un mero capricho.


No deja de sorprender, también, cómo Coppola pudo, en dos horas y pico, adaptar la historia original de principio a fin, haciendo una propuesta narrativa que se inclina hacia lo romántico, sin que haga extrañar el horror imaginado por Bram Stoker.

Puede que algunos prefieran el Drácula de la Universal, La Hammer, el de Coppola o incluso el protagonizado por Leslie Nielsen; no importa cuál sea su favorito, pues es innegable que todos ellos no han sido superados por esta risible, patética y lamentable versión que nos dio Netflix este año.


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