The Little Girl Who Lives Down the Lane es una de aquellas rarezas que, sin mucho bombo ni recursos, construye una historia llena de suspenso desde la narrativa pura.
Adaptación de la novela homónima de Laird Koenig, esta historia protagonizada por una muy joven Jodie Foster es una puesta en escena casi teatral donde se respira una malsana tensión entre sus contados (y raros) personajes. Rynn Jacobs vive sola en una casa retirada del pueblo y para quienes se han acercado a la propiedad, aquella soledad ya es demasiado extraña. ¿Por qué el aislamiento de esta dulce niña? ¿A qué peligros se expone? ¿Qué esconde? Nadie ha logrado descifrarlo. Pero algo sí es cierto: la pequeña Rynn es más de lo que aparenta ser y aquella casa oculta un secreto prohibido.
Jodie Foster y sus divinos dotes actorales se
devoran la historia. Nicholas Gesser, director húngaro, la descubrió mediante Martin Scorsese, quien por ese momento editaba Alice
Doesn’t Live Here Anymore, y supo que era ideal para el papel. Así que, pocos
años después de ser nominada al Oscar por primera vez gracias a su papel de
prostituta en Taxi Driver, Jodie Foster llevó a cuestas en esta cinta francocanadiense
de bajo presupuesto un rol menos hostil y desafiante pero no menos polémico y
vigoroso. Atrae su vehemente y desafiante actitud ante los intrusos en su casa,
su aparente vulnerabilidad, su soledad latente y ese rostro, embellecido con la
imperfección de su diente partido y su seseo al hablar.
The Little Girl Who Lives Down the Lane
recibió críticas positivas y fue vista tanto como un alegato a favor de los
derechos infantiles, como una cinta puramente feminista. Sea lo que sea, Rynn
Jacobs es un personaje complejo, con una fuerza interpretativa y macabra bien
matizada, en una cinta de tensión y horror que prefiere más insinuar que
mostrar, afortunadamente.






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