Aquí está el primer intento de llevar al
cine las obras de Dean Koontz, quien en sus primeros escarceos con el terror
todavía lo mezclaba con los temas de la ciencia ficción dura que acostumbraba a
trabajar. Con esta historia se plantea la posibilidad de que una
supercomputadora que alberga toda la inteligencia del universo empiece a tomar
decisiones mediados por juicios de valor humanos y considere necesario
perpetuar su legado mediante la procreación. Para lograrlo, ha de inseminar
artificialmente a la esposa de su creador, tomando control de la casa en la que
vive la mujer y convenciéndola de manera violenta para que fecunde a su
engendro.
Esta película es aterradora de maneras
particulares, pues recrea el peor escenario que podríamos sufrir en una
realidad muy cercana. Mientras nos esforzamos por otorgar el control de nuestra
cotidianidad a un sistema computarizado para facilitar nuestra vida, no
pensamos que podríamos ser presos de nuestro propio invento. ¿Puede matarnos
nuestra propia casa? Seguramente. Y quizás morir sea preferible a padecer la
espantosa pesadilla que Julie Christie tiene que vivir.
Demon Seed no tuvo la difusión
que hubiera podido merecer porque fue opacada por el rutilante estreno de Star
Wars, arrebatándole cualquier posibilidad de convertirse en referente de la
ciencia ficción, así como de llevar con éxito a la pantalla a Dean Koontz, un
buen autor que nunca ha tenido buena fortuna en el negocio de las adaptaciones.
Esta película es una obra incomprendida, silenciada, que merece ser descubierta
para mirar el terror con otros ojos.
Director: Donald Cammell.
Año: 1977.
MGM






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