V. C. Andrews fue una autora que despertó
amores y odios. Muchos de sus colegas detestaban su prosa
sensiblera y la consideraban, más que una autora de terror, una novelista de gótico romántico para amas de casa. Autores como Stephen King
jamás reconocieron su valor, aun cuando su ópera prima, Flores en el ático,
se coló en la fiebre del terror de esos años e hizo parte de las bibliotecas de quienes se consideran amantes del género.
Wes Craven (Pesadilla en Elm Street)
fue el primer elegido para adaptar esta tragedia familiar en la que unos hermanos
deben vivir confinados en un ático durante mucho tiempo, sometidos a la tiranía
de su abuela y el olvido de su madre. Trataba muchos temas polémicos para la
época y Craven construyó un borrador de guion que apuntaba a tocar ciertas fibras sensibles. Pero dicho libreto fue rechazado y la adaptación quedó en manos de Jeffrey Bloom, quien
suavizó al máximo la historia para la pantalla.
Al final es un drama ochentero,
siniestro sin llegar a niveles explícitos, que coquetea más con el tono
telenovelesco de un soap opera que con el del terror de los ochentas. No obstante, es inevitable quererlo, pues captura el tono nostálgico de una década primordial para el horror.
Ver Flores en el ático es viajar a tiempos mejores para el cine
popular. Es reencontrarse con la visión del mundo que se tenía en esta época
tan querida por todos.
Director: Jeffrey Bloom.
Año: 1987.
New World Pictures.






No hay comentarios.:
Publicar un comentario