En Plena Cuarentena, día 33: Halloween


Una niñera a cargo de dos pequeños asediada por un asesino enmascarado durante la noche de Halloween, una banda sonora minimalista hecha por el propio director con su sintetizador, una máscara de William Shatner pintada de blanco, un enorme cuchillo de cocina y Donald Pleasence en gabardina; no se necesitó más para que John Carpenter y Debra Hill crearan una de las mejores películas de terror de todos los tiempos.

Michael Myers es la personificación del miedo por antonomasia: una figura sin expresión, oculta bajo una palidez que no permite mostrar dolor o sufrimiento. ¿Cómo se puede destruir algo así? Es imposible. Y no solo Jamie Lee Curtis lo descubre en esta nefasta noche de Halloween, sino toda una audiencia ávida de terror que no imaginaría —ni John Carpenter, probablemente— que la siguiente década sería resultado de esta película: cientos de historias bañadas en sangre, con asesinatos creativos y muertes adolescentes; una fiebre que, incluso, se extendería con mejor o peor fortuna hasta nuestros días.

El bajo presupuesto de Halloween hace que la creatividad reluzca de principio a fin. La ausencia de extras se traduce en una palpable soledad y atmósfera de abandono, ideal para que un asesino silencioso mate a sus anchas. Esta depuración, acompañada de una banda sonora de pocas notas, construye una fórmula narrativa ya clásica en el género gracias a la mente brillante de un John Carpenter que se convertiría, a partir de ese momento, en un nombre indispensable para el horror.

Director: John Carpenter.
Año: 1978.
Compass International Pictures

Comparte:

No hay comentarios.:

Publicar un comentario