Una niñera a cargo de dos pequeños
asediada por un asesino enmascarado durante la noche de Halloween, una banda
sonora minimalista hecha por el propio director con su sintetizador, una
máscara de William Shatner pintada de blanco, un enorme cuchillo de cocina y
Donald Pleasence en gabardina; no se necesitó más para que John Carpenter y
Debra Hill crearan una de las mejores películas de terror de todos los tiempos.
Michael Myers es la personificación del
miedo por antonomasia: una figura sin expresión, oculta bajo una palidez que no
permite mostrar dolor o sufrimiento. ¿Cómo se puede destruir algo así? Es
imposible. Y no solo Jamie Lee Curtis lo descubre en esta nefasta noche de
Halloween, sino toda una audiencia ávida de terror que no imaginaría —ni John
Carpenter, probablemente— que la siguiente década sería resultado de esta
película: cientos de historias bañadas en sangre, con asesinatos creativos y
muertes adolescentes; una fiebre que, incluso, se extendería con mejor o peor
fortuna hasta nuestros días.
El bajo presupuesto de Halloween
hace que la creatividad reluzca de principio a fin. La ausencia de extras se
traduce en una palpable soledad y atmósfera de abandono, ideal para que un
asesino silencioso mate a sus anchas. Esta depuración, acompañada de una banda
sonora de pocas notas, construye una fórmula narrativa ya clásica en el género
gracias a la mente brillante de un John Carpenter que se convertiría, a partir
de ese momento, en un nombre indispensable para el horror.
Director: John Carpenter.
Año: 1978.
Compass International Pictures






No hay comentarios.:
Publicar un comentario