En Plena Cuarentena, día 16: El resplandor


Puede que Stephen King haya dicho que su novela fue mal interpretada y mal adaptada por parte de Stanley Kubrick, pero la fallida miniserie que se filmó en los noventas, pretendiendo respetar la novela original, demuestra que el poder de El resplandor está en la experiencia sensorial que Kubrick supo recrear en la pantalla, capturando la soledad, la tensión y la incomodidad de estar aislado en un hotel repleto de fantasmas.

Esta película ha logrado abrirse campo en todas las esferas cinematográficas —librándose de ser una pieza de nicho, como pocas películas de terror han logrado hacerlo— porque supo decantar los elementos imprescindibles para provocar terror en el espectador sin caer en ingenuidades que en pantalla serían ridículas, ingenuidades que la novela tiene y serían imposibles de creer al verlas en video. Si Jack Nicholson no deja percibir la transformación de su personaje conforme avanza el metraje, a diferencia de como sucede en el libro, es un elemento menor, pues Kubrick conduce esta experiencia por otros caminos que impactan más allá de la narrativa.

El resplandor es una ópera del miedo y la locura, una danza de suspenso que logra niveles de calidad difíciles de igualar y que le garantizan una inmortalidad más allá del fandom, ocupando un lugar privilegiado junto a otras joyas del género como El exorcista, La profecía y El bebé de Rosemary.

Director: Stanley Kubrick.
Año: 1980.
Warner Bros.

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