No es secreto que estamos al borde del
colapso y frente a la crisis de nuestras sociedades modernas, los valores van
perdiendo importancia frente a impulsos tabú que han atravesado las meuntes de
todos en algún momento. La purga materializó una posibilidad que, entre
chiste y chanza, casi siempre parece una solución definitiva a los problemas de
la sociedad.
Puede que la crítica la haya destrozado,
y puede que también tenga muchas fallas argumentales y de desempeño narrativo
culpa de los lugares comunes del home invasion tan popular hace algunos
años, pero no hay duda de que la premisa que sostiene esta historia (y sus
secuelas) ha cobrado una gran relevancia en la cultura popular actual. Aquello
revela la pertinencia de esta historia. Algo nos dice, algo evidencia de nuestras
obsesiones, de alguna manera ha sabido reflejarnos y eso es lo que la mantiene
viva en el imaginario colectivo. Tal ha sido su inmersión que, incluso quienes
no han visto ninguna entrega de La purga, han usado las máscaras y han
compartido los innumerables memes que hacen referencia a ellas.
Esta primera entrega es sencilla.
Estamos con una familia que debe proteger a los suyos, a la vez que se debate
entre ayudar a quienes necesitan protegerse y responder con la misma piedra a
los que buscan entrar a la casa para destruirlos. Debajo de una película
evidentemente comercial, se plantean preguntas necesarias que, aunque no se
respondan aquí de la mejor manera, sí quedan rondando la mente del espectador durante
un buen tiempo. ¿Es nuestro impulso asesino la última salida?
Director: James DeMonaco.
Año: 2011.
Universal Pictures.
Blumhouse Productions.






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