En Plena Cuarentena, día 14: La ventana indiscreta


El concepto de La ventana indiscreta es tan atractivo que se ha mantenido vigente como detonante para muchos creadores hasta el día de hoy, tanto en la pantalla con en el papel. Historias como Doble de cuerpo (Brian de Palma), Disturbia (D. J. Carusso) o novelas superventas como La mujer en la ventana, de A. J. Finn y la famosa parodia de Los Simpson, beben de lo que Alfred Hitchcock desarrolló son tanta solvencia en su película, por allá en los años 50.

Basada en el relato de Cornell Woolrich titulado «tuvo que ser un asesinato», Hitchcock narra una historia de intriga desde una ventana recreando la paranoia de L.B. Jefferies (James Stewart) un fotógrafo confinado en su apartamento, que pasa los días espiando a sus vecinos día y noche. Junto con su novia (Grace Kelly) y su enfermera (Thelma Ritter), nos sumergimos en una intriga de voyerismo donde se empieza a tejer un posible asesinato del que solo este fotógrafo es testigo. Sin ninguna prueba a su favor, impulsado solo por su sospecha febril, le seguimos la pista a un posible crimen doméstico que podría quedar en la impunidad. Jefferies, no obstante, decide actuar desde la distancia.

La ventana indiscreta es uno de los grandes tesoros del cine de intriga, donde Hitchcock despliega los recursos que ayudaron a configurar los trucos del suspenso por excelencia, ese juego que se debate entre el mostrar y el ocultar para manipular la mente del espectador y sentarlo al borde de la silla de principio a fin. Un clásico imperecedero que todos debemos disfrutar en la comodidad de nuestros hogares.

Director: Alfred Hitchcock.
Año: 1954.
Patron Inc.

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