El concepto de La ventana indiscreta
es tan atractivo que se ha mantenido vigente como detonante para muchos
creadores hasta el día de hoy, tanto en la pantalla con en el papel. Historias
como Doble de cuerpo (Brian de Palma), Disturbia (D. J. Carusso)
o novelas superventas como La mujer en la ventana, de A. J. Finn y la
famosa parodia de Los Simpson, beben de lo que Alfred Hitchcock desarrolló son
tanta solvencia en su película, por allá en los años 50.
Basada en el relato de Cornell Woolrich
titulado «tuvo que ser un asesinato», Hitchcock narra una historia de intriga
desde una ventana recreando la paranoia de L.B. Jefferies (James Stewart) un
fotógrafo confinado en su apartamento, que pasa los días espiando a sus vecinos
día y noche. Junto con su novia (Grace Kelly) y su enfermera (Thelma Ritter),
nos sumergimos en una intriga de voyerismo donde se empieza a tejer un posible
asesinato del que solo este fotógrafo es testigo. Sin ninguna prueba a su
favor, impulsado solo por su sospecha febril, le seguimos la pista a un posible
crimen doméstico que podría quedar en la impunidad. Jefferies, no obstante,
decide actuar desde la distancia.
La ventana indiscreta es uno de
los grandes tesoros del cine de intriga, donde Hitchcock despliega los recursos
que ayudaron a configurar los trucos del suspenso por excelencia, ese juego que
se debate entre el mostrar y el ocultar para manipular la mente del espectador
y sentarlo al borde de la silla de principio a fin. Un clásico imperecedero que
todos debemos disfrutar en la comodidad de nuestros hogares.
Director: Alfred Hitchcock.
Año: 1954.
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